Cerca de mi ocaso

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

“Cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida”. Así es como empieza uno de mis poemas favoritos, éste no sólo trae recuerdos a mi memoria de uno de mis grandes maestros: don Manuel Díaz Cid, sino que refleja parte de mi sentir al culminar mi vida escolar y universitaria.

Hoy te comparto mí querido lector, el cúmulo de emociones que trae consigo cerrar un ciclo, pues no sólo es uno de los capítulos más importantes de mi vida, sino que también representa el fin y al mismo tiempo el inicio uno de mis sueños

Como lo dije,  terminé la carrera universitaria, pero no la misión con la cual inicié hace cuatro años, y que ahora es el anhelo de mi vida.

Este es un momento de agradecimiento, a mi familia por acompañar y educar mi vocación, por hacerme la mujer que soy, porque no los entiendo bien a veces, pero no implica que ellos no sean el baluarte que me ha formado, que me han dado las herramientas para hacer frente a los retos que día con día he asumido y que me han llenado de amor y todo lo bueno que tiene mi vida.

También es la oportunidad para agradecer a mis profesores y a mi asesora por estar conmigo estos cuatro años así como  a las personas que a lo largo de mi formación se hicieron mis amigos. Soy una fiel convencida de que ninguna persona entra a tu vida sin ninguna razón, sea por un corto o largo tiempo.

Agradezco especialmente a una persona, no sé si esto llegue a tus ojos, pero gracias por ser tan importante en mi vida, en mi vocación, en la realización de mis metas, porque has sido y serás un pilar fundamental, porque sin ti la universidad y la vida misma no tendrían el dulzor y a la vez, lo agridulce que tienen en este momento. Gracias porque nadie como tú ha tenido la paciencia para soportar mis peores defectos en mis peores momentos, mis mejores virtudes (incluso desconocidas para mí), la risa, el llanto, el reconocimiento, por hacerme más culta y mejor persona,  espero que sepas que este párrafo es para ti si algún día lo lees.

Soy muy cursi, lo sé, pero entiéndanme, seguro no tendré agradecimientos de tesis, porque aún no sé si la haré. Sin duda la universidad es un tiempo de conocimiento y de reconocimiento, pero no acaba aquí, sino que empieza el verdadero reto que supone la vida adulta, ya me casé con un título que me acompañará por el resto de mi vida, y si me preguntan, diría una y mil veces SÍ a Ciencias políticas, sí a ser una ñoña investigadora, sí a mis migrantes, sí a Manatí, sí a mis amigos y a las locuras que he hecho con ellos, sí, siempre sí.

Y como la mala católica que soy, con este amor profundo, el mismo con el cual se acercó la pecadora a Jesús, sabiéndose indigna de Él, pero conociendo que el único y verdadero sentido sólo se lo da Aquel a quien le lavó los pies con sus lágrimas y perfumó con el fruto de su trabajo, me acerco con el corazón agradecido, con la misma disposición con la cual inicié este camino: Aquí estoy Señor, ¿a dónde vamos a ir?

Es un nuevo inicio, una nueva vida, unos nuevos retos.

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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