Sobre mi admiración a la “próxima víctima”

Por Carlos Galeana / @CarlosGaleanaB

Fueron pocos los maestros que en la universidad me hablaron de periodismo. Cuando lo hacían, mis compañeros y yo escuchábamos sus experiencias trabajando “en la calle”. Otros nos hablaban del periodismo visto desde sus trajes y escritorios. El resto sólo se dedicaba a dar clases, preferían vernos como una matrícula más en la lista, sin embargo siempre tratábamos de cuestionarlos; muchos se enojaron, pero lo logramos, ¡se aprendieron nuestros nombres!

Estudié comunicación durante 5 años y  jamás creí que mi primer empleo formal sería de reportero en televisión. Todavía recuerdo cuando contesté la llamada en la que me ofrecieron la oportunidad, yo ni siquiera estaba en Puebla, me había regresado a Oaxaca ya que mi plan era tomarme un mes de vacaciones. Le dije a la persona que me llamó que no tenía experiencia en tv, pero que le entraba. A las pocas horas me encontraba de nuevo en tierras poblanas.

A partir de ahí mi manera de ver al mundo volvió a cambiar, es por eso que siempre estaré agradecido con él por meterme al mundo de los medios.

En esa empresa duré 8 meses, no porque no me gustara, sino porque salió otra oportunidad donde me pagaban mejor. Era en otro medio pero se tenía que laborar 8 horas en oficina, aunque meses después pensé que había sido un error, he llegado a la conclusión que me ha servido para conocer a más personas y analizar cómo se maneja la información en un medio impreso poco crítico.

Perdón, me estoy desviando. Regreso. Les contaba que el trabajo de reportero me volvió a cambiar la visión del mundo porque tuve la oportunidad de conocer la Puebla que tratan de ocultar, aquella que cuando te subes a La rueda de la (in)fortuna no se puede ver debido a tanta iluminación.

Historias hay muchas. En este momento se me viene a la mente Doña Jose, quien año con año en temporada de lluvias sabe que puede perder todo su patrimonio debido a que una obra que realizaron hace años para beneficiar a la gente, le afectó. Alguna vez le preguntaron por qué seguía viviendo ahí; ella sólo respondió que no tenía otro lugar a donde ir.

También están las historias que se cuentan en las colonias del sur, zona donde les da miedo salir de sus casas cuando comienza a oscurecer debido a que consideran que la distribución y el consumo de drogas ha aumentado tanto que se han formado pandillas que discuten a golpes por lo menos una vez a la semana.

El trabajo de calle también me ayudó a conocer a personas que a través de organizaciones civiles buscan incidir en la sociedad. Eso si, cada quien en sus causas, algunos buscan empoderar a las mujeres, otros buscan hacer que las calles por las que transitamos sean más humanas y otros tanto buscan acabar con la desigualdad que se vive.

Les pido perdón nuevamente por contarles todo esto, ¿a quién le importa leer esto?, no sé, pero necesitaba desahogarme porque en este año he leído más de 5 veces cómo asesinan y amenazan a periodistas por decir la verdad.

Me da miedo leer que la próxima víctima sea alguien a quien como inexperto alguna vez  pregunté cómo se llamaba cierto personaje público que acababa de hablar frente a los micrófonos o a quién le tenía que marcar para tener acceso a cierta información.

Me da miedo leer que ciudadanos y ciudadanas a las que también les apasiona la información sean amenazados por meterse donde nadie los llama al momento que hacen una solicitud a través de las instancias correspondientes.

Pero, además de miedo, también me da coraje ver que dentro del mismo gremio periodístico las muertes se normalizan, sea quien sea. Me entristece ver que no hay solidaridad. Me dolió ver, por ejemplo, como al otro día del asesinato de Javier Valdez algunos periódicos poblanos pusieron la nota en primera plana, justo en un punto donde casi no era visible. Claramente leí, “no nos interesa, pero agradezcan que revolcamos una nota de Notimex y la pusimos en primera plana”.

Me da pavor saber que en cualquier momento la persona que hizo la crónica o nota que tanto me emocionó y a quien no conozco ni siquiera su rostro, sea la próxima víctima.

Admiro y respeto a quienes dan su vida por hacernos llegar las historias.

Admiro y respeto a quienes son apasionados de lo que hacen.

Admiro y respeto a los que no se quedan con la duda.

Solidaridad con todos ellos/as.

Nos leemos luego, nos vemos después.

En esta puta ciudad 

Todo se incendia y se va

Y matan a pobres corazones

Fotografía: E-Veracruz

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