¿Cómo extinguir la difusión de un género musical?

Por Reynaldo Ximénez De Sandoval

Gustos y preferencias

Es bien sabido que el gusto o la inclinación hacia algo que nos parece sumamente grato, depende de múltiples factores (Creencias, experiencias, educación, y las respectivas formulaciones y asociaciones mentales que conforman nuestras estructuras de pensamiento). De la subjetividad.

Es la subjetividad una característica del humanismo cartesiano lo que nos ha llevado, como hombres, a apoderarnos de la historia y a escribir la misma, a volvernos partícipes de todo aquello que acontece a nuestro alrededor. Es también una de las principales columnas sobre las cuales se cimenta el juicio y los criterios de cada individuo para determinar si algo es grato o no lo es.

Música

Está de más aclarar la cantidad y cualidad de todos géneros musicales que existen, más aun de sus subgéneros y fusiones “posmodernas”. Lo que sí es fácil de percibir es la diferenciación de preferencias musicales dentro de los grupos sociales en los que yacemos inmersos, y seguramente, alguna vez hemos escuchado a más de uno expresar sus disgustos o indiferencia por algún género.

Por ejemplo, es posible que alguno de nuestros lectores haya escuchado o sido el amigo “raver” o “rocker” que indica “pues me gusta de todo un poco, menos la banda y el reggaetón”.  O aquel amigo “oldie” nostálgico que afirmó alguna vez que la música de hoy es mala o que MTV antes si era un canal de verdadera música.

El famoso K. Cobain dijo en una entrevista que sostuvo para una cadena ajena a la MTV: “Si los medios de comunicación divulgaran más música buena, la gente tendría mejor gusto”. La idea es un tanto asertiva y razonable. El problema es que no deja en claro el rol que debería tener la audiencia para auto favorecerse en este sentido.

Marketing y Difusión Musical

La difusión musical en nuestro país como en cualquier otro esta mediatizada por la demanda de la audiencia. Hay variedad musical al encender la radio, diferentes estaciones que difunden desde cumbias hasta rock de los 90 y 80 pero de una forma limitada.

Cada vez es más normal ver bandas musicales en bares, pubs e incluso antros. Sobre todo bandas de rock cuyo repertorio va desde los Beatles (60) hasta Metallica (80 a la actualidad). Entrar a una tienda de posters encontrar de todo un poco… Sin embargo ese de todo un poco, si de rock se trata, parece no ir más allá de los años 90. Es fácil encontrar un poster de Led Zeppelín, Iron Maiden, Nirvana o Marilyn Manson. Difícil es preguntar por un poster de Dune Rats y encontrarlo, o bien de cualquier nueva o reciente propuesta de rock and roll. Difícil descubrir nuevo rock and roll porque una banda tocó un cover asombroso en el bar de costumbre. O mas difícilmente ¿Por qué la pasaron en la radio?

La probabilidad de encontrar a un “rockero” quejarse de que ya no hay buena música es bastante alta, como la probabilidad de que el mismo siga arraigado a escuchar solamente lo que es de su agrado por cuestiones circunstanciales, como las bandas que conoció porqué se las mostraron sus tíos viejos, lo que alcanzo a ver en tv en los años 90 o lo que decidió escuchar porque todos dijeron que era bueno.

Viviendo en plena era de la información a la carta y de lo que Gilles Lipovetsky ha de llamar facilidades del “Hyperconsumo e hypermodernismo” resulta absurdo decir que no existe buena música, pues, lo que realmente no existe es el tiempo y/o la voluntad para permitirse buscar y descubrir nuevas bandas en la internet. Pocos son los dispuestos al asombro que produce lo nuevo, pocos creen que es posible encontrar una canción agradable en una sugerencia de youtube.  En la disposición al asombro de lo que no conocemos puede encontrarse un nuevo gusto, y por ende, el establecimiento de la demanda que propiciaría una difusión más amplia por parte de los medios de aquello que resulto ser de nuestro agrado.

El rol del amante de cualquier género musical debería consistir en indagar las nuevas propuestas musicales, sin descartar disfrutar lo viejo. De tal forma que la diversidad musical crecería, no solo en esferas difusivas, sino ejecutivas (nuevas bandas o música nacional, nuevos foros de difusión, más multiculturalidad y por ende tolerancia) ya que la demanda generaría la oferta.

Dicho de una forma non grata, la muerte de la difusión y crecimiento de la diversidad musical especifica (rock, rap, folk, electro, psycho, jazz etc) , no es una consecuencia o efecto de lo que los medios de comunicación difunden, sino causa de la demanda que la audiencia genera.

Si pasa un rockero su vida entera escuchando solo  a Led zeppelín, Metallica, Queen y  solo bandas clásicas porque cree que “no hay música nueva que sea buena” y porque asume que solo lo viejo era “rock de verdad”, entonces jamás habrá demanda que genere una difusión más amplia y constantemente novedosa de la música que el mismo desearía escuchar.

Conclusión

Si los seguidores o amantes de un género musical específico nos disponemos a descubrir nueva música podremos asombrarnos y encontrar nuevos gustos e influencias. De tal forma que generaríamos demanda de difusión y estableceríamos la posibilidad de encontrar más fácilmente una amplia gama musical, de acrecentar la multiculturalidad implicada en las preferencias personales y su porqué. Por ello también la posibilidad de ser más tolerante a las preferencias ajenas, pues la diferenciación de los gustos musicales e incluso de sus estereotipos implícitos, resultaría ser un estímulo social más, para normalizar la tolerancia a las diferencias e irnos familiarizando con la misma.

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