El machismo mediático en el caso Tress

Me hubiera gustado ser amante de Andrés. Esperarlo metida en batas de seda y zapatillas brillantes, usar el dinero justo para lo que se me antojara, dormir hasta tardísimo en las mañanas, librarme de la Beneficencia Pública y el gesto de primera dama. Además, a las amantes todo el mundo les tiene lástima o cariño, nadie las considera cómplices. En cambio, yo era la cómplice oficial. (Arráncame la vida, Ángeles Mastretta).

Esta es una de las frases que acompaña a uno de mis libros favoritos y que me fue inevitable recordar ante la coyuntura que viviera el caso de Javier Duarte.

La noche del lunes pasado Ciro Gómez Leyva en su noticiario, catalogó a Xóchitl Tress, literalmente como la puta de Javier Duarte; las noticias e incluso las redes sociales no la bajaron de eso; este es un reflejo lamentable de la sociedad mexicana que estigmatiza a una mujer por vivir su sexualidad.

A los medios y a la sociedad, se nos olvidó que el caso de Javidú, versa no sobre sus relaciones interpersonales, ni sobre las relaciones que haya tenido o no Tress Rodríguez, sino por lavado de dinero, por peculado, enriquecimiento ilícito, por aquellos 35 mil millones de pesos como deuda pública del Estado de Veracruz y no por mantener relaciones amorosas con sus colaboradoras. Tress fue linchada mediáticamente desde el asesinato de su marido, más tarde bautizada con el triste y machista mote de “la viuda alegre”.

Fueron pocos los medios que tuvieron neutralidad en el caso y reconocieron que Tress no puede ser juzgada por ser o no la amante, sino por ser la coautora del delito de enriquecimiento ilícito. A ella nadie le tuvo lástima, ni cariño, fue la cómplice oficial, quien tras pagar los 40 mil pesos de multa salió libre, pero apedreada por los medios y la sociedad mexicana.

Su declaración de responsabilidad no aminoró su delito, lo remarcó pero no sólo como una funcionaria pública desleal, sino que se auto laceró; las ventajas del nuevo sistema penal acusatorio le brindaron la posibilidad de disminuir su condena legal, pero no así de la mediática.

Lo lamentable del asunto también es que la única pecadora es ella, no Javier Duarte, de él no se habla como el hombre infiel ni desleal, no sólo ante su familia, también ante su estado.  A quién se crucifica, lastima y acusa es a Xóchitil, un reflejo más de los rancios vicios que tiene nuestro país, uno que prima al varón sólo por serlo, y cuando la mujer se involucra en relaciones y actividades ilícitas no deja de ser la ratera o la puta. ¿O a caso, vieron que se hablara de ella como la administradora pública, que se dijera su nombre y no se presentara únicamente como la amante de Javier Duarte?

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de ManatíMx

Créditos de fotografía a quien corresponda

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