Días tristes y de salud mental

Por Amira Barrientos / @AmiraBarrientos

Si estuviste conectado a redes sociales esta semana, seguro te encontraste con el hashtag #BlueMonday o “Lunes triste”. Según una breve investigación que realicé, este día lo estipuló la agencia de viajes Sky Travel, ya que quería analizar las tendencias de vacaciones; para llegar a esto utilizaron varios factores, como “las condiciones climáticas, el nivel de deuda, el tiempo pasado desde Navidad, el tiempo desde que fracasan los propósitos de año nuevo, los bajos niveles de motivación y el sentimiento de necesidad de tomar medidas.” En conclusión, se supone que es el día más deprimente del año. Aunque, la verdad, científicamente no existe fundamento alguno, por lo que no habría motivo de creer ni una pizca de todo esto.   

Sin embargo, esta fecha me parece relevante para hablar sobre la salud mental, aunque no sea 10 de octubre.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental abarca el bienestar integral de una persona, que se compone por el estado emocional, psíquico y social. Es justamente aquí donde, desde mi punto de vista, radica su importancia: ¿Cómo podemos pedir que existan familias, sociedades y gobiernos eficientes si no se está trabajando por y para la persona?

Independientemente de la alarmante deficiencia en el sistema de salud en cuanto a los recursos humanos y económicos destinados a esta área, y de la impresionante carencia de información convirtiendo a la salud mental en incluso un tema tabú, existen cifras que deberían por lo menos despertar nuestra curiosidad. La OMS afirma que más de 300 millones de personas en el mundo sufren depresión, siendo este trastorno la principal causa de discapacidad. Por otra parte, más de 260 millones de personas tienen trastorno de ansiedad. Incluso, muchas personas padecen de ambas afecciones. Lo veamos por donde lo veamos, la salud mental debería ser prioritaria en la agenda pública. Tan solo la depresión y la ansiedad cuestan un billón de dólares en cuanto a pérdida de productividad.  

Creo que de verdad es urgente que todos (sociedad y gobierno) nos replanteemos nuestras prioridades diarias. ¿A qué le damos más importancia? ¿Realmente estamos velando por el desarrollo y más amplio bienestar del ser humano desde nuestra propia trinchera? ¿O estamos dejando que el materialismo, el consumismo, el hedonismo y el egoísmo se apoderen de nosotros? Si somos legisladores, servidores públicos, médicos, ingenieros, educadores, padres de familia, amigos, hermanos, hijos, ciudadanos, ¿qué podemos hacer con lo que sabemos, podemos y tenemos para mejorar estas cifras tan preocupantes? ¿Qué podemos hacer para contribuir a atacar los problemas sociales de raíz?  

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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