Amor romántico

Por Karen Morales / @krenmf

Se acerca el 14 de febrero y ya se dejan ver los comentarios sarcásticos/deprimentes de los forever alone; los estados melosos de quienes están en una relación o simplemente los comentarios amargados de los grinch de la fecha.

Y es que es un tanto inevitable ser parte de esta dinámica en cualquiera de sus múltiples formas. Mujeres y hombres hemos crecido atiborrados de la idea del amor romántico desde que tenemos uso de razón. Desde las películas con príncipes y princesas cuando éramos pequeños, hasta la religión o la publicidad en cada esquina que nos grita que nuestra felicidad está en el “…y vivieron felices para siempre”.

Buscando una primera definición del amor acudí a la RAE, de la cual las primeras 3 acepciones son:

amor.

  1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
  2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
  3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

De inicio me salta “propia insuficiencia”, “nos completa”, “entrega” y es que mucho de eso va con lo que nos han dicho sobre el amor romántico. Es decir, encontrar a nuestra “media naranja” porque vamos por la vida incompletos y nuestra felicidad o plenitud llegará cuando encontremos al amor de nuestra vida.

La psicóloga y sexóloga Pilar Sampedro describe algunos elementos prototípicos del amor romántico:

“Inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja), vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.”

Todo se escucha maravilloso en las películas, telenovelas, canciones y libros, pero en la práctica esto se torna en relaciones con expectativas no reales, codependientes e incluso violentas.

Según el INEGI durante 2013 en México se registraron 108 mil 727 divorcios, tendencia que ha ido en aumento, lo cual no es muy alentador pensando en el amor eterno. Por otro lado, según la Encuesta de Violencia en el Noviazgo (ENVIM 2007) 76% de los jóvenes mexicanos entre los 15 y 24 años sufrió episodios de violencia por lo menos una vez en el noviazgo, los celos, el pensar que la pareja tiene “muchos amigos”, considerarse engañada(o) y el enojo sin razón aparente han sido de las principales razones.

Estas son tan solo una muestra a nivel macro de las consecuencias del amor romántico, sin embargo vivimos rodeados de ello todos los días. Probablemente no nos alcanzaría la vida para deconstruir el amor romántico pero si apuntamos a tener cada vez más relaciones sanas un primer paso podría ser hacernos conscientes de estos patrones dañinos que repetimos e irlos trabajando poco a poco.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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