Semana Santa con Jesús, el líder religioso y político

Por Renata Bermúdez / @Renbyh

Cuando pienso en Jesús me gusta pensar en Él como un líder religioso y político, como un renovador de ideas, como alguien que trascendió al tiempo, a su propio tiempo, a pesar de sus circunstancias, sí, también creo que es la segunda persona de la Santísima Trinidad, y por tanto, pienso que sí, es Dios, es Rey, pero ante todo es Amigo.

Con el Domingo de Ramos se inauguran los ritos de la Semana Santa, donde los católicos de todo el mundo nos reunimos entorno al altar, donde conmemoramos la muerte y la resurrección de Aquel que le da sentido a nuestra fe; los ritos exteriores creo que no servirán de nada si no nos mueven a la acción.

Jesús como líder le devolvió la dignidad y le dio un papel preponderante a la mujer, perdonando a la adúltera, amando a la samaritana, incluyendo a Su Madre, pues siempre he pensado que María fue la primera feminista, quien se abre paso en un mundo donde las mujeres eran juzgadas si tenían hijos sin haberse casado y se enfrenta a sus circunstancias para decir Sí a la vida y sí a tomar sus propias decisiones sin tener el consentimiento de un hombre.

Jesús como líder político, exigió que el Templo fuera usado como un lugar de oración y no como uno de corrupción sometido a las leyes de Roma. ¿Qué pensaría hoy? Y es que al paso de los años no todos hemos hecho la misma distinción, basta con recordar la Edad Media y el conflicto de las investiduras, ¿quién era más importante el Papa o el Rey? Y tristemente, no muchas veces se distinguen esos dos poderes: el espiritual del temporal, aún nos dejamos corromper y pensamos que la Iglesia está al servicio de una élite que promueve determinadas situaciones a favor o en contra de otros.

Jesús como renovador de ideas y conciencias, nos dijo: ama a tu enemigo, nos pidió no ser hipócritas y ocuparnos de mantener los envases de nuestra alma y conciencia limpios por fuera y por dentro, ¿cuántas veces nos ahogamos lo que pensamos, pero sembramos la discordia en nuestros centros de estudio, trabajo e incluso grupo de amigos y familia? ¿Somos capaces de responder con bien a quién nos ha dañado?

Creo que independientemente de la religión que practiquemos o de nuestras creencias, hay mucho que aprender del Carpintero: amar, a confiar, a servir. Como amigo sé que es una persona que vive en algún punto del universo, que me escucha y entiende, porque lloró por su amigo muerto, porque experimentó el dolor de la ausencia, el hambre, el cansancio, la diversión, la traición, la migración, la exclusión, las críticas, el trabajo, el aprendizaje… la muerte y todo ello le da sentido al trabajo diario: luchar por una patria más ordenada y justa, por un mundo donde todos quepamos recordando que tenemos los mismos derechos y las mismas oportunidades, porque su lucha hasta morir fue esa: nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos, y ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando, y lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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