¿Qué es la carrera de la tortilla y por qué este año causó protestas?

Por Mario Galeana / @MarioGaleana_

Quien haya caminado por la comunidad de Santa María Coapan sabrá que en cada calle hay una mujer aventando tortillas a un comal ardiendo. Así ha sido por años. Antes, cuando ni siquiera había transporte a la ciudad, las coapeñas metían a su tenate 15, 20 o 30 kilos de tortilla, se amarraban el bulto a la espalda y salían corriendo hacia Tehuacán para venderlas.

Era un viaje de 30 minutos que hacían con nada más que la fuerza de sus músculos, un par de huaraches gastados o a veces ni siquiera eso: simplemente con las plantas de sus pies ajados. Era una competencia contra el tiempo, porque las tortillas perdían calor a cada segundo. Y una vez en la ciudad, llegaban a las afueras de las industrias a alimentar a los obreros, caminaban entre los fraccionamientos al grito de “¡marchanta!” o se plantaban en el centro para vender allí sus tortillas, sus tacos, sus tostadas.

Hace 26 años alguien tuvo la idea de formalizar una clase de competencia entre las tortilleras. La llamaron Carrera de la Tortilla y, más que alguna clase de duelo deportivo, es un gesto simbólico para honrar a las mujeres que por décadas lograron poner un taco en la boca de sus hijos poniendo otros tacos en la boca de los desconocidos.  

En 2017, cuando la carrera cumplió sus primeros 25 años, a la competencia se le otorgó formalmente la denominación de Patrimonio Cultural de Tehuacán. Pero, para muchos, la carrera de este año se ha alejado profundamente del sentido con el cual fue creada.

El Ayuntamiento de Tehuacán realizó un convenio con la empresa Maseca para que fungiera como patrocinadora de la Carrera de la Tortilla. La ironía es evidente: un emporio comercial dedicado a la venta de harina procesada auspiciando un evento de las mujeres que ofrecen competencia a su mercado.

Las coapeñas preparan tortillas de manera rústica, a la antigua. En tanto que Grupo Maseca es uno de los negocios que, en 2015, por ejemplo, importó 10 millones de toneladas de maíz transgénico.

La contradicción fue notoria para las mujeres de Santa María Coapan, y cientos de ellas se organizaron para protestar el mismo día en que se celebró la carrera, es decir, el domingo 5 de agosto.

La irritación fue azuzada también porque, en los últimos meses, las coapeñas se han enfrentado al gobierno municipal de Tehuacán por un proyecto de reordenamiento comercial en el primer cuadro de la ciudad. Las autoridades han hecho uso de la fuerza pública para intentar desplazar a los puestos ambulantes de las mujeres, pero éstas se han resistido a ser reubicadas.

Debido a la resistencia de este grupo, Grupo Maseca anunció que cada mujer que se registrara como competidora recibiría 500 pesos. El evento reunió a alrededor de 300 competidoras, pero entre ellas iba incluso una mujer estadunidense, lo que para el grupo opositor al patrocinio de Maseca y al Ayuntamiento de Tehuacán refleja que el sentido cultural de la carrera se ha perdido.

Las opositoras, en cambio, también reunieron a cientos de asistentes a una marcha en la que repartieron tacos y tostadas entre la gente que pasaba alrededor, y corearon “¡La cultura no se vende, se ama y se defiende!”.

Todo un acto de resistencia en torno a algo tan simple y poderoso como una tortilla.

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