Manatí

La otra pandemia: el aislamiento podría aumentar violencia contra mujeres en hogares

PALOMA FERNÁNDEZ | @PalomaPen

Una de las medidas de prevención más conocidas ante el avance del COVID-19 es el confinamiento social. Quedarse voluntariamente en casa previene el contagio… pero también podría poner en riesgo a cientos de mujeres y niñas que son violentadas en sus hogares, de acuerdo con expertas en género y funcionarias.

Según la Fiscalía General del Estado (FGE), el segundo tipo de violencia más denunciado en Puebla es la familiar. Cada semana se registran 24 casos de violencia intrafamiliar que requieren hospitalización, de acuerdo con cifras del Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud federal.

El Inegi, a través de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), ya ha documentado que al menos el 44.3% de las mujeres poblanas han sufrido algún incidente de violencia por parte de su actual o última pareja, o en algún punto de su vida.

A sabiendas de que las cifras se encuentran fuera de un contexto de una epidemia mundial y un confinamiento, la estadística supone que es muy posible un alza en todo este tipo de violencias.

De acuerdo con Edurne Ochoa Ledesma, presidenta de la asociación 33 Mujeres, en países como China o España se ha documentado un alza considerable en materia de violencia intrafamiliar no sólo contra mujeres, sino también contra menores que, al verse obligados a compartir el espacio con su agresor, son víctimas de violencia física, psicológica, sexual y verbal.

Denuncias y atención, comprometidas ante la pandemia

Aunado a esto, la disminución de labores de las diversas instancias de seguridad pública y el uso de estos mismos recursos para atender la pandemia, ha dejado casi sin opciones a las víctimas de estas agresiones.

“Esa sería la segunda complicación”, explica Natali Hernández Arias, directora del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (CAFIS) A.C.

“En esta emergencia, muchos espacios de atención están reduciendo sus servicios y su atención, lo cual puede también ocasionar que muchas mujeres no acudan o no reciban la atención adecuada en una situación de emergencia”.

Arias considera que otras circunstancias puede ser detonadoras de conductas violentas al interior de los hogares, como la posible pérdida de empleos o ingresos suficientes para la manutención de las familias.

“Eso también da mucho estrés y mucha preocupación que puede reproducir muchas de estas conductas violentas”, abunda.

Esto no significa que los espacios de denuncia estén anulados por completo, más bien, el problema son los mecanismos utilizados para llevar a cabo estas denuncias y la ausencia de medidas adecuadas para la atención y seguimiento de éstas.

Es necesario saber que, una vez realizada la denuncia, hay que asistir a rectificar ante Fiscalía para hacer válido el proceso, ya que a través de una llamada telefónica las preguntas y filtros para dar la información toman más tiempo del necesario y revictimizan a las denunciantes.

Entonces, lo ideal en ciertos casos, sería un buzón de mensajería para una denuncia más privada, para que el agresor no se percate. Un problema se antepone a esta posibilidad: aún no hay ningún servicio de denuncia a través de este método. 

“Aquí el tema es que nuestro estado no se está generando mecanismos de atención y de acompañamiento en las denuncias”, explica Ochoa Ledesma.

“Se está pensando en que solamente es un tema de salud pública cuando en realidad, si se tuviera perspectiva de género o una visión holística este problema, podríamos entender que las mujeres utilizamos, justamente, los espacios públicos para salir de estos ciclos de violencia que se dan al seno de los hogares”.

La otra violencia: el desgaste

Otro factor de violencia que se suma a esta problemática es, esencialmente, el desgaste físico y emocional que genera el confinamiento en casa para las mujeres, pues supone un mayor trabajo doméstico y una atención constante a ámbitos familiares, laborales e incluso escolares.

Como precisa Vianeth Rojas Arenas, directora de Prevención de la Discriminación y Violencia de Género del Ayuntamiento de Puebla, “también hay otro tipo de violencia que a lo mejor no es tan evidente, no es esta violencia física o no es esta urgencia de tener que salir, sino también es todo el tema del trabajo no remunerado y doble o triple jornada que van a estar haciendo las mujeres, que es violencia emocional”.

“A las mujeres nos están mandando a las casas donde además de que tenemos que hacer home-office o tele-trabajo, tenemos que estar a cargo de los niños, de la comida, de tener limpia la casa porque hay que sanitizar. Vamos a ver consecuencias de esta violencia emocional en la psique y en el bienestar de las mujeres que estamos ahí”.

Rojas Arenas hace un llamado para que los hombres, más que solidarizarse, acepten su responsabilidad y tomen parte de estas labores que incumben a todas las personas que habitan el mismo espacio.

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