Manatí

Cuidar axolotes en medio de la pandemia

LIZETH MEJORADA | @LizethMejorada

Son las diez de la mañana. Pilar Gamiño y Federico Carbajal ya se encuentran en el museo, en pocos días inaugurarán junto con sus hijos el nuevo Museo Mexicano del Axolote (MUMAX), antes Casa del Axolote.

Hace casi cinco años iniciaron un proyecto familiar que poco a poco se convirtió en Unidad de Manejo Ambiental (UMA) declarada por SERMARNAT. Éste es un permiso que les avala para poder tener axolotes, preservarlos, reproducirlos y reintegrarlos al ecosistema.

Hoy después de haber estado en dos lugares diferentes, han establecido el museo en Castro No. 16, un lugar especial, en el corazón del Centro Histórico de Chignahuapan.

El reto es enorme, las barreras son altas y parecen agudizarse con una pandemia de por medio. La mayor parte de las personas creen que los axolotes son sólo de Xochimilco, invisibilizando por complejo a las otras 18 especies que se albergan en el territorio mexicano y 3 más en el extranjero. 

«Hay axolotes en la Sierra Norte de Puebla«, digo constantemente en cada lugar que me paro del país y no sólo eso, hay un pueblo en donde las personas se asumen en la individualidad como “axolotes”. 

La identidad en torno a la figura enigmática del axolote es compleja. Hace unas décadas, los pueblos alrededor nos conocían como el “pueblo axolotero” un tanto en término despectivo, en el sentido de compararnos con un animal monstruoso nacido del agua encharcada. Muchas personas del pueblo cuando estudiaban en Zacatlán eran llamados “axolotes” con todo el sentido de la ofensa, de la extrañeza y de la convivencia pesada de la zona. Afortunadamente hoy la dinámica navega de manera diferente, en la época de mi abuelo los conflictos terminaban en balaceras, en nuestros tiempos esas barreras ancestrales entre otros pueblos como Zacatlán, parecen desvanecerse poco a poco. 

En pleno 2020 es innegable que ha cambiado toda la semántica en torno al axolote. Creo que como pueblo por fin nos identificamos con él y la mayoría de las veces nos asumimos como “axolotes” en lugar de Chignahuapenses. Ese cambio es importante, ya que impacta directamente en dejar de matar axolotes. En cierto sentido hay más conciencia. 

Ese cambio se debe al esfuerzo de muchas personas, entre ellos a la familia Carbajal que cumple 5 años trabajando porque la gente del pueblo regrese a sus raíces y se enamore del axolote. Hoy en la distancia, considero que lo han logrado.

La gente de Chignahuapan con sus branquias transparentes comienza a sentirse orgullosa cada que se habla del axolote. Ahora sabemos que existe y que está en peligro de extinción.

El Museo Mexicano del Axolote es la apuesta cultural más interesante de la región. En cierto sentido su conformación se fue dando de manera natural, desde la ubicación del museo hasta la configuración del espacio. Un lugar que albergará la sala de exhibición de axolotes, una sala lúdica, la tienda de recuerdos y ahora un restaurante con el sazón de la Sierra Norte. Se levanta un espacio cultural tan necesario para Chignahuapan y la zona en medio de una pandemia por COVID-19.

Durante las últimas semanas he visto la energía de la familia Carbajal por prepararse para la apertura, el ánimo y buena vibra que los distingue, al fin y al cabo ellos ya saben fluir como los propios axolotes. A veces me preocupa la situación por la contingencia pero al mismo tiempo no quepo de la emoción por ver nacer un proyecto tan mágico, tan de Chignahuapan.

Un pueblo con tantas desigualdades necesita de la cultura, de los espacios de encuentro y pedagogía. Sólo a través de los espacios en común podemos cambiar muchas dinámicas dañinas.

El MUMAX será un espacio para florecer la amistad, recibirá las voces de las personas deseosas de hablar y aprender en la región. Será un lugar de inspiración que acompañará a las juventudes en su camino a ser profesionistas y además un gran espacio de divulgación científica. El MUMAX inspirará a las nuevas generaciones de Axolotes, que el día de mañana gracias a este espacio decidirán ser científicos, artistas o literatos. 

La pandemia complica el cuidado y reproducción de los axolotes, porque el financiamiento es escaso. Por eso es que a través del consumo en el restaurante del museo se logrará financiar su subsistencia los siguientes meses, será un consumo con causa.

El Museo Mexicano del Axolote es un proyecto de todas y todos, por eso tenemos que abrazarlo, cuidarlo y mantenerlo vivo.

¡Larga vida al MUMAX!, que hoy se inaugure un nuevo ciclo en Chignahuapan y que se encienda una luz en medio de la neblina.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí

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Lizeth Mejorada

Activista, Directora de Puebla Vigila, Consejera Ciudadana del Consejo de Movilidad de Puebla y estudiante de Literatura y Filosofía por la Universidad Iberoamericana Puebla.

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