Manatí

Toma de la CNDH: la rabia que no tiene partido

LIZETH MEJORADA|@lizeth-mejorada
FOTO ARANZAZÚ AYALA|@aranhera

En días pasados, hemos sido testigos de la toma de diversas Comisiones Estatales de Derechos Humanos y por supuesto, la toma de la Comisión Nacional.

Posturas a favor y en contra siempre existirán, inclusive crítica interna por parte de las mujeres que valientemente tomaron las instalaciones de la comisión hasta el día de hoy. Creo que estos actos son muy simbólicos, pero más allá de un elemento significante son el reflejo de una causa fuerte en este país: las mujeres.

Gobiernos de izquierda, centro o derecha, todos siguen sin atender verdaderamente la gran problemática que significa la violencia patriarcal en un país como México. Aunque es claro que el problema es estructural, difícil de combatir y sumamente complejo de repeler; lo mínimo que se espera de quienes están en un cargo gubernamental, es que hagan todo lo posible por hacer que las instituciones que se encargan de prevenir, investigar y sancionar la violencia puedan funcionar ¿Por qué? porque es lo mínimo que se espera de un aparato burocrático que sobrevive a costa de los recursos públicos de la nación y por eso, creamos en la institucionalidad o no, necesitamos que funcione.

 Ahora, en el caso específico de Andrés Manuel, es claro que a muchas mujeres nos esperanzó la llegada de una «posible alternativa», la entrada de perfiles provenientes de sociedad civil y sobre todo, la idea de cambio: tener movimiento en el tablero de ajedrez. Hoy, a casi dos años de la toma de protesta del presidente, es claro que el poder patriarcal no tiene colores. Andrés Manuel tiene mujeres aliadas y brillantes a su alrededor, a quienes simplemente decide no escuchar y por lo tanto se termina minimizando un conflicto tan grave como lo es la violencia machista, la cual termina muchas veces en violencia feminicida.

Frente a los claroscuros de la famosa «cuarta transformación» es innegable que en el mar de incongruencias que navega el presente gobierno, las únicas personas congruentes son las mujeres que intentan cambiar la situación a pesar de los oídos sordos del presidente.

La toma de las comisiones de derechos humanos no es más que una llamada de atención a todos, un mensaje claro y preciso: la rabia que sienten las mujeres de México no tiene partido. El movimiento en favor de los derechos de las mujeres se ha consolidado como uno de los grupos más fuertes, congruentes y resilientes de la historia de nuestro país. Las familias y mujeres que hoy están tomando las comisiones, no son una oposición inútil como FRENAA, ni un grupo pagado como afirma el presidente, son mujeres reales, de a pie, que han vivido en carne propia la violencia patriarcal que habita en nuestras calles, así como han padecido la violencia institucional de la burocracia mexicana.

Y hoy, a pesar de la estigmatización y el discurso polarizante lanzado hacia las mujeres que tomaron la CNDH, gana más la fuerza y la valentía de nuestro movimiento. El mismo poder patriarcal no ha entendido que cada día somos más las mujeres convencidas de que la situación que vivimos no puede seguir igual y estamos dispuestas a poner el cuerpo frente a los policías, para arroparnos y hacerle frente a la violencia feminicida.

Somos muchas y cada día somos más. Frente a la gran diversidad del movimiento feminista hay claridad en ciertos elementos: gobierne quien gobierne seguiremos exigiendo justicia por las que hemos perdido y por las que no queremos perder.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

Comenta al respecto