Manatí

Claudia Rivera planta cara al Congreso local y acusa persecución política

MARIO GALEANA | @MarioGaleana_

La comparecencia de la presidenta municipal Claudia Rivera Vivanco ante la Comisión Inspectora, realizada la mañana de este lunes 5 de octubre, se convirtió en un búmeran para el Congreso local, que ha hecho mancuerna con el gobierno del estado en su asedio al ayuntamiento de Puebla.

La alcaldesa plantó cara a los diputados de la Comisión Inspectora, los acusó de usar las instituciones como garrote político, de mimetizarse con las “prácticas del pasado” y, encima, abandonó la reunión antes de que cualquiera tratara de rebatirle algo.

Mientras los legisladores aún curaban su orgullo en una sala semivacía de la Auditoría Superior del Estado (ASE), donde se realizó la comparecencia, Rivera Vivanco acudía a la sede del Congreso local para demandar que se le citara ante el pleno con el propósito de debatir, entre otras cosas, los temas de la agenda legislativa para la capital que aún están pendientes, como la remunicipalización del servicio de agua potable.

Rodeada de sus colaboradores más cercanos, la alcaldesa terminó con el puño en alto frente a las cámaras y, más tarde, acudió a comerse un molote junto al secretario de Gobernación, René Sánchez Galindo, en una estampa que bien puede considerarse su banderazo de salida hacia la búsqueda de la reelección.

Es decir, jugó el juego del Congreso… y, por lo menos ahora, ganó.

Una comparecencia inusual

El 25 de septiembre de este año, apenas 10 días antes de la comparecencia, la Comisión Inspectora recibió cinco denuncias ciudadanas en contra de distintos contratos y proyectos del ayuntamiento de Puebla.

La denuncia, convenientemente, hacía alusión a algunas de las supuestas irregularidades que, días antes, el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, Gabriel Biestro Medinilla, había realizado sobre los proyectos del gobierno municipal, como la posible pérdida de la denominación de Patrimonio Histórico de la Unesco a causa de las obras de remodelación del corredor 5 de Mayo.

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En un hecho inusual, a la presidenta de la Comisión Inspectora, Olga Lucía Romero Garci-Crespo, le bastaron esas denuncias para considerar que era necesario llamar a comparecer a Rivera Vivanco.

Hasta el día de su comparecencia, la presidenta municipal de Puebla aseguró que los diputados no poseían atribuciones para obligar a un alcalde a comparecer ante ellos. Y, sin embargo, acudió.

La sesión de la Comisión Inspectora inició con una larga lectura sobre las denuncias que se le endosaban. Los legisladores explicaron que, tras leer un posicionamiento inicial, Rivera Vivanco tendría exactamente cinco minutos para responder las preguntas que le formularan.

Y, cuando fue su turno, Rivera Vivanco respondió que sólo acudía por su compromiso con la transparencia, por visibilizar el acoso que sufren los alcaldes por parte de algunos que “intentan socavar nuestra autonomía municipal”, un dardo dirigido al gobernador Miguel Barbosa Huerta, y para evitar que “las instituciones nunca más vuelvan a ser utilizadas como garrote político”.

Después, les leyó la cartilla a quienes, hasta hace unos años, hacían campaña tomados de la mano bajo el eslogan de la Cuarta Transformación: “Hay tres mandatos: no mentir, no robar y no traicionar. Tengámoslo presente, porque la traición inicia cuando se traicionan los principios de uno mismo”.

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A ratos, su voz adquiría cierta vibración que evidenciaba su nerviosismo, en tanto que sus gestos eran arrebatados, con los brazos agitados en el aire, del mismo modo en que se proclama una arenga.

Somos el gobierno municipal más vigilado de la historia, con auditorias sin precedentes para una administración en curso. El ayuntamiento que encabezo, de forma inédita, está sujeto a auditorías preventivas en tiempo real, con programas que, aun sin ejecutarse, ya se encuentran siendo auditados”, dijo.

La respuesta tardía

En su discurso, Rivera Vivanco propuso que se realizaran mesas técnicas de trabajo con la Comisión Inspectora y su gobierno, y extendió una carpeta con información documental que, según ella, probaba la legalidad de los contratos y proyectos del ayuntamiento.

Cuando terminó, se levantó junto a sus colaboradores y, ante la mirada atónica de Romero Garci-Crespo, que se mantuvo paralizada y aceptó obedientemente la posibilidad de realizar mesas técnicas, se retiró de la sala.

Mientras salía de la sala, Romero Garci-Crespo atinó a decir que el diputado priista Javier Casique Zárate tenía algo más que señalar. La voz no salió del priista hasta que Rivera Vivanco ya estaba fuera de la ASE, ofreciendo una entrevista a los medios de comunicación.

Orondo, Casique Zárate atinó a decir que la presidenta municipal conocía el orden del día, es decir, la retahíla de preguntas con la que la fustigarían, y que era un despropósito que abandonara la sesión.

A lo largo de casi una hora hubo otros diputados que, como Casique Zárate, se mostraron indignados por la comparecencia fallida, en tanto que otros, como los pesistas Miguel Trujillo de Ita y Mónica Lara Chávez, pidieron a la ASE que informara sobre los resultados de las auditorías al gobierno capitalino.

A destiempo, horas después de la comparecencia, Romero Garci-Crespo filmó un video desde su vehículo en el que acusaba a Rivera Vivanco de comportarse de manera “poco profesional”, de presentar un “débil escrito”, de dejar “plantadas las inquietudes que pretendíamos resolver desde el diálogo”.

Pero ya era tarde. La alcaldesa de Puebla ya había acudido al Congreso local a demandar que se le convocara ante el pleno. Ya había logrado que se instaurara su propuesta de mesas técnicas de revisión. Y ya había terminado de comerse un molote.

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