Seis años del primer Museo Mexicano del Axolote

axolotes puebla

MARIO GALEANA | @MarioGaleana_

Hace seis años, el 12 de octubre de 2014, la Casa del Axolote abrió sus puertas y con ello se convirtió en el primer espacio de conservación y exhibición del axolote en todo el país, un animal de herencia prehispánica, mística, y sin embargo en peligro de extinción.

Sus fundadores, la familia Carbajal Gabiño, aseguran que este esfuerzo de conservación no podía tener más escenario que el municipio de Chignahuapan, enclavado en la brumosa Sierra Norte de Puebla, a 121 kilómetros de la capital del estado.

Lo dicen porque, entre la comunidad de Chignahuapan, el axolote es un referente identitario. “Es parte del alma del chignahuapense”, resume Federico Carbajal, quien junto a su esposa, Pilar Gamiño, y sus hijos Ariel y Yanin, fundaron este espacio.

Un ajolote albino preservado en el Mumax. Fotografía: Mario Galeana

En agosto de este año, la familia Gabiño Carbajal y un grupo de colaboradores renombraron a la Casa del Axolote como el Museo Mexicano el Ajolote (Mumax), en donde se exhiben 18 ajolotes de tres especies distintas.

Entre éstas se encuentra el Ambystoma Velasci, un ajolote de color negro que reside sobre todo en la Sierra Norte de Puebla, aunque se encuentren amenazados por factores como la contaminación del agua y la introducción de peces no nativos en la zona, como la trucha y la carpa, que son utilizadas para comercializar y satisfacer al turismo.

El MUMAX es, hoy, algo más que un espacio de exhibición de ajolotes. No sólo se encuentra dedicado a la preservación de estos animales, que han sido eternizados en obras literarias de Julio Cortázar y crónicas de Gabriel García Márquez, sino que también es un centro de divulgación científica y cultural entre la comunidad de Chignahuapan.

Algunas tardes, el MUMAX se convierte en sede de cafés literarios y otras, muchas otras, en el punto de reunión de un grupo dedicado a la divulgación científica que lleva por nombre Curiociencias.

La familia Gabiño Carbajal fundó hace seis años la Casa del Axolote y, ahora, el Museo Mexicano del Axolote. Fotografía: Mario Galeana.

Así, mientras en una sala se discute sobre literatura o ciencia, en la otra, susurrantes, casi estáticos, los axolotes hacen la vida.

El Museo Mexicano del Axolote se encuentra a media calle del zócalo de Chignahuapan y su entrada tiene un costo de 30 pesos. En estos últimos seis años, más de 30 mil personas han acudido a este recinto para apreciar y aprender de estos animales.

El nacimiento de un santuario

Para Federico Carbajal, este proyecto de conservación ha tenido un ascenso meteórico.

Podría afirmarse, sin embargo, que comenzó hace más de 30 años, cuando él y Pilar compraron un rancho en un paraje de Chignahuapan con el propósito de construir ahí una casa y, en cierto modo, un lugar de retiro.

Se mudaron allí en 2013 y desde entonces tenían la idea de iniciar un proyecto de crianza de animales terrestres o acuáticos.

El axolote es oriundo de la Sierra Negra de Puebla. Fotografía: Mario Galeana

Un grupo de campesinos les sugirió criar ajolotes con el propósito de venderlos para el consumo —se sabe que éstos tienen propiedades curativas—, pero la familia Gabiño Carbajal desechó esta idea muy rápido.

En lugar de pensar en él como comida, pensamos en él como un personaje impresionante. Comenzamos a informarnos más y más, y decidimos que sería más importante trabajar en la conservación del axolote”, explicó Federico en una conferencia ofrecida el pasado viernes 8 de octubre.

En agosto de 2014, la familia obtuvo de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) un registro para constituirse como UMA, es decir, como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, y abrieron las puertas dos meses después.

Seis años después, en agosto de 2020, decidieron mudar este espacio de conservación a un inmueble que antaño había sido granero, salón de fiestas, palenque y bodega.

Cuando nos acercamos y les dijimos que queríamos poner un museo, ellos inmediatamente nos dijeron sí, adelante. Con el lanzamiento del museo, nos ocurrió lo mismo que cuando iniciamos la Casa del Axolote: la gente, locales y foráneos, nos han alentado a que sigamos con este proyecto”, asegura Pilar Gamiño.

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