Movilidad desigual

 Movilidad desigual

La lógica del dinero nunca será la de los derechos: aquí está el transporte público, esta entelequia, para demostrárnoslo en nuestro estado. 

BRAHIM ZAMORA | @elinterno16

Antes del último decreto del gobierno de estado fui al supermercado, platiqué un rato con Ramiro, un cuidador de autos que lleva varios años trabajando ahí y con quien a veces intercambio saludos y cháchara. 

Está duro, ¿verdad?, me preguntó a modo de saludo. Como si no hubiese otro código mejor para charlar por estos meses que ese: el de la dureza con la que la vida nos va tirando, jaloneando desde que el virus habitó, literalmente, el mundo entero. 

Durísimo, para unos más, para otros menos, pero ahí vamos dándole, ¿no?, le respondo desde el lugar común del “no hay de otra, que, para seguir vivos, ya llevamos ganancia”. 

No era muy tarde, a lo sumo, pasaditas las 7, el súper cierra en su horario habitual, pues es negocio esencial, a las 10 pm. Pero Ramiro me advierte que él ya casi se va. 

¿Y eso?

Pues hay que cuidarse, ya a esta hora hay poca gente en la calle y pues si no corro, no agarro transporte, y es buscarle. 

De todos modos, añade, si agarro el último, ya va atascado y sí me da miedo pescar el virus ahí. Qué le vamos a hacer, no entiendo por qué nos quitaron el transporte si de todos modos tenemos que trabajar en los mismos horarios. Nomás salimos perdiendo. −Se lamenta, se encoge de hombros, se resigna. Hay mucha angustia en su mirada curtida por años de carestía y precariedad. Pienso en todas las personas dentro del supermercado, de las farmacias, de los segundos turnos de la industria… que no tienen la “suerte” de Ramiro de irse a casa antes de que pase el último.

Él, como cientos, miles de personas en la Zona Metropolitana de Puebla y en el resto del estado, se mueve cada madrugada, cada noche, en transporte público: el 80 por ciento de quienes habitamos este estado, pues. Sus horarios de trabajo no se modificaron, sin embargo, en su caso, dejó de percibir entradas por las restricciones al transporte que el gobierno del estado ha puesto como parte de las medidas para la contingencia y las cuales se enmarcan más en la protección económica de concesionarios, que en realidad garantizar el derecho a la movilidad en contingencia, bajo la lógica de que a menor oferta habrá menor demanda. La lógica del mercado para garantizar derechos, a pesar de que ahora la restricción se estiró unas horas más, jamás se explicó la lógica de reducir unidades y horarios en las horas pico de entrada y salida. Justo esta misma mañana de 10 de febrero vi pasar por mi barrio a una ruta 10 a las 8 de la mañana absolutamente llena. La lógica del mercado que va imponiéndose sobre las vidas descartables que producen. 

Estacionamiento

En la glosa del informe, el secretario Guillermo Aréchiga le echó la culpa de toda la ineficiencia en materia de transporte público de la Secretaría de Movilidad y Transportes del estado, al virus. Ningún diputado ni diputada le preguntó justo sobre la falta de aplicación cabal a la guía para los servicios de transporte y gestión de la demanda de viajes que el gobierno federal hizo justo, frente a la pandemia cuando los, evidentemente desinformados diputados y diputadas le preguntaron por el asunto del transporte, siguió hablando de las modernas cámaras, del flujo durante la pandemia, de que son un gobierno más humano, más cercano, pero evidentemente no más eficaz: si bien se trata, también, de que las empresas escalonen sus horarios (para lo cual no hay decreto ni acuerdo, ni pacto con el sector privado por parte del Ejecutivo), es mucho más sencillo que los concesionarios doten de las unidades necesarias para tener el 50 por ciento de cupo, aunque ello implique pérdida, para eso deben sacrificar el cobro por vuelta a sus choferes y cambiar el esquema, lo cual reduciría ganancias monetarias pero redituaría en un servicio eficiente frente a la contingencia. Y hay que cambiarlo por una razón sencilla: el coronavirus vino a potenciar todas nuestras carencias y fallos, y si hay una raíz profunda en el caos del transporte en Puebla es justo el sistema hombre-camión; los cambios radicales son necesarios, impostergables; estirar la liga, inhumano. 

Las ciudadanas y ciudadanos como Ramiro tampoco están ganando lo suficiente y requieren moverse a la hora de siempre porque para esta gente que no pudo parar, los horarios laborales no se modificaron un ápice.

Hablando de ganones, nadie tampoco preguntó sobre el subsidio que los transportistas siguen recibiendo por el descuento a estudiantes que no está vigente… por la pandemia. 

¿Cuánto tardas en llegar a tu casa Ramiro? Le pregunto al hombre de piel morena, curtida por el tiempo y el sol, con un cuerpo que lleva más de 60 años en la vida, y que no debería estar ahí dándose un respiro para platicar con un metiche que ni auto lleva. 

¡Uy! Si me va bien una hora diez, una hora veinte. Ahora, con el nuevo decreto debe dejar el trabajo a una de las mejores horas para recibir propina, las 8:30 pm. Hora pico, hora en que las medidas importan poco, pues no hay otro modo de volver a casa.

Ramiro no escuchó la comparecencia, no tiene tiempo ni sabe usar el internet, la feria de datos y el optimismo ritual de las y los legisladores de la comisión correspondiente le importa nada frente a esta permanente angustia diaria que no es más que una ruleta rusa. 

Se despide levantando la mano, sale corriendo. 

Le deseo la suerte que necesita. 

Primero los pobres, me digo en voz bajita, y no es que desde el gobierno federal no se esté pensando en ello, para ser sincero, pero no a todos les importa lo mismo.

 La lógica del dinero nunca será la de los derechos: aquí está el transporte público, esta entelequia, para demostrárnoslo en nuestro estado. 

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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ManatíMX

Ciudadano de humor raro. Desde 1994 trabaja desde la sociedad civil organizada. Milonguero, escribe y tiene el afán de la duda. Ama la belleza.

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