#SíAlaCiclovía de Zavaleta: ¿Por qué es necesario este tipo de infraestructura en la ciudad? En esta columna de opinión la activista Lizeth Mejorada comparte su visión sobre el tema.
LIZETH MEJORADA | @LizethMejorada
Cuando el espacio público se redistribuye, el gandalla se ofende.
Cada vez que se ordena el espacio público por —una ciclovía, un cruce peatonal, un carril confinado, la colocación de cajones de estacionamiento— ocurre lo mismo: incomodidad, enojo, quejas. El cambio le molesta especialmente a quienes se sienten dueños de la calle y difícilmente se ponen a pensar en quienes más la padecen. Porque desde el auto se ve una perspectiva, pero desde la silla de ruedas, una bici, el transporte público o simplemente caminando, la historia es otra.
La ciclovía de Zavaleta no escapa a esta lógica. No es la primera ni será la última intervención que provoque resistencia o enojo. Pero no nos confundamos: el conflicto no es técnico, es cultural. Pasar de una vialidad diseñada para la velocidad y el privilegio del automóvil a una calle pensada para la vida cotidiana, para las personas, inevitablemente genera fricción. Y sí, la gente se queja. Eso también es parte del proceso de transformación.
Lo que no puede ser la solución es decirle a quien usa bicicleta que “mejor no pase por la calle no está diseñada para eso”. Ese argumento, que se repite como mantra, es profundamente injusto. Equivale a aceptar que hay calles prohibidas para ciertos cuerpos, ciertos modos de moverse, ciertas vidas. El problema no es que haya ciclistas en Zavaleta; el problema es que Zavaleta ha sido históricamente insegura para cualquiera que no vaya dentro de un auto.
La respuesta correcta no es expulsar a los más vulnerables, sino transformar la vialidad para que sea segura para todas las personas usuarias: peatones, ciclistas, transporte público y también automovilistas. Esa es la jerarquía de la movilidad que ya existe en la ley, aunque a algunos les incomode recordarlo.
Y sí: la gente tiene razón en exigir información. La autoridad debe explicar con claridad el proyecto, sus alcances, sus tiempos y sus impactos. La socialización no es un favor, es una obligación. Pero una cosa es pedir información y otra muy distinta es desconocer la ley. Zavaleta es una vía primaria y, por lo tanto, no debería tener estacionamiento en extrema derecha ni, mucho menos, sobre banquetas. No es una ocurrencia ni una moda: es una condición básica de seguridad vial y de accesibilidad.
Cuando mataron a Manu en 2018, muchas personas entendimos que Puebla necesitaba algo más que condolencias: necesitaba reglas claras para que la violencia vial no se repitiera. Para su familia y sus amistades, esa exigencia tomó nombre propio: la “Ley Manu”.
Hoy construir la ciclovía de Zavaleta y echar a andar un plan de construcción de infraestructura ciclista por parte del Gobierno del Estado, no solo es una gran noticia, es un acto de justicia y de reparación integral del daño hacia todas las víctimas de muertes viales de nuestro estado. Así que cuando se oponen a su construcción, se oponen también a la justicia integral de quienes hemos perdido en las calles.
Por otro lado, cabe señalar que el Gobierno del Estado tiene años sin construir una ciclovía en Puebla, los últimos años quien ha construido es el Gobierno Municipal, así que es muy importante no frenar este proyecto que hemos esperado por años.
Asimismo es fundamental señalar que México forma parte del Segundo Decenio de Acción por la Seguridad Vial 2021-2030, una iniciativa impulsada por Naciones Unidas que busca reducir al menos 50 % las muertes y lesiones graves por hechos de tránsito. Ese compromiso internacional se traduce en algo muy concreto: calles más seguras, velocidades más bajas, infraestructura que priorice la vida. Las ciclovías están incluidas y Puebla debe de hacer lo posible por cumplir con este objetivo.
Por eso la ciclovía de Zavaleta importa. No es un capricho ni una imposición ideológica. Es parte de un cambio de paradigma: pasar de ciudades que toleran la muerte a ciudades que la previenen. Defenderla no significa negar errores o dejar de exigir información; significa entender que la seguridad vial no se negocia y que tenemos una ley que hay que garantizar.
Después de todo, el objetivo sigue siendo el mismo desde 2018: que nadie más muera por moverse. Que las calles dejen de ser espacios de riesgo y se conviertan en espacios de vida.
Porque la calle, aunque a algunos les cueste aceptarlo, es de todas y todos. #ManuVive.
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