Pasos para entender la nueva revolución de Nicaragua

Por Mario Galeana / @MarioGaleana_

Nicaragua celebra este 19 de julio el 39 aniversario de la Revolución Sandinista bajo el yugo de una nueva tiranía. El presidente Daniel Ortega se ha convertido en el espejo de Anastasio Somoza, el dictador al que derrocó en 1979, bajo la bandera del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, han enfrentado tres meses de protestas ciudadanas con el plomo: los organismos de derechos humanos cuentan ya más de 300 muertos –sobre todo jóvenes universitarios– y no hay indicio de que pronto cese la represión a manos del ejército, policía y grupos paramilitares.

La nueva revolución de Nicaragua fue, por muchos motivos, inesperada. Empezó con un pequeño brote de protestas a causa de un par de reformas al sistema de seguridad social, pero la brutal respuesta del Estado avivó la consigna, la modificó profundamente: lo que cientos de miles de nicas buscan esta tarde –y mañana al mediodía y ayer por la noche y el lunes próximo– es una cosa: la caída del revolucionario convertido en dictador.

Estas son algunas claves para entender una revolución que se vive en tiempos de historias de Instagram, memes y likes.

  • El 17 de abril, el presidente Daniel Ortega aprobó de manera unilateral nuevos impuestos al sistema de seguridad social. Los impuestos para empleados y empleadores pasaron del 19 al 21% y los jubilados tendrían que destinar hasta el 5% de su pensión por concepto de cobertura de enfermedades. Estas medidas fueron rechazadas por la Fundación Nicaraguense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), que alertó que las reformas provocarían “despidos y más desempleo”.
Wikipedia
  • La medida provocó un brote de protestas encabezadas por jubilados, empresarios y universitarios en Managua, la capital del país, al día siguiente. Las manifestaciones fueron reprimidas por simpatizantes del FSLN y turbas, que son grupos de choque que empezaron a funcionar en noviembre de 2008, cuando la oposición acusó al partido en el poder de cometer un fraude en las elecciones municipales de ese año.
La Prensa
  • La violenta respuesta del Estado incendió el rechazo de una población que, harta de la falta de libertades del gobierno de Ortega –como la libertad de prensa o de libre expresión– tomó como bastiones de lucha algunas de las universidades públicas, como la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), la Universidad Centroamericana (UCA) y la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).
  • El trasfondo de las protestas pasó de ser social a político. Todo está enraizado en la perpetuación del poder que ha alentado a Daniel Ortega. Él ya fue presidente del país de 1979 a 1990. Luego, ganó nuevamente las elecciones de 2007 y, desde entonces, ha reformado la Constitución para alcanzar leyes que garanticen una reelección indefinida. “Como otros jefes latinoamericanos recientes, se entregó a la tentación de sí mismo”, escribe Martín Caparrós en un reportaje realizado para el New York Times.
Carlos Herrera- Revista Niú
  • El 13 de julio, Ortega ordenó una operación paramilitar para tomar la UNAN, uno de los principales bastiones de la resistencia. El enfrentamiento se prolongó hasta el 15 de julio, cuando los estudiantes fueron replegados hasta una iglesia en Managua. En ese enfrentamiento, una estudiante grabó uno de los videos más desgarradores de la revolución. Rodeada por los grupos paramilitares, escudada junto a unos cuantos de sus compañeros, la mujer habla a la cámara y se quiebra: “¡Mamá, mamá, perdóname! ¡Salí a defender la patria!”. Tras horas de mediación encabezadas por Leopoldo José Brenes Solórzano, el arzobispo de Managua, el gobierno cedió en el asedio y liberó a los jóvenes.
  • Tras el raudal de muertes, la Organización de Estados Americanos (OEA) votó este 18 de julio una resolución de condena contra el gobierno de Ortega- La resolución indica que las elecciones deben adelantarse dos años, a marzo de 2019: un tiempo que, sin embargo, parece muy lejano.

FUENTES:
El Espectador. La Prensa. El Confidencial. Revista Niú. The New York Times. Human Rights Watch. El País.

Foto de Portada: Carlos Herrera de Revista Niú

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