Pase de lista en el submundo criminal

 Pase de lista en el submundo criminal

El diario anuncia la detención de un líder criminal, y ese es el punto de partida de un recuento sobre el submundo policial y la prensa.

MARIO GALEANA | @MarioGaleana_

La mañana del 14 de enero el diario local anunció la detención de El Moco, peligroso carterista del centro de la capital. Los policías allanaron su casa y encontraron 300 carteras desparramadas a lo largo de la sala, colgando sobre los alféizares como lenguas muertas. Junto a él detuvieron a El Moquito, su hijo, un muchacho de 15 años que estaba sentado mirando la tele. Y a La Moka, esposa de El Moco, que se hallaba sentada en la cocina, bajo la luz dorada de la tarde, tomando una taza espumosa de café.

Según el diario, la policía detectó que El Moco se encontraba vinculado con El Gargajo, líder ambulante que extorsionaba prostitutas en el rincón más olvidado del centro de la ciudad, así como con El Flemas, antiguo rival de El Lagañas y El Cerilla; todos ellos asociados a una red de tráfico de órganos del siglo XVII que han sido robados a coleccionistas privados y entregados, por caridad, a la Iglesia. Aunque versiones que no han sido confirmadas pero que igual se publicaron señalan que ésta, a su vez, los ha vendido para financiar la instalación de una réplica del niño del tambor para la siguiente pastorela.

Con la detención de El Moco ha concluido la lista de las seis detenciones prioritarias para la policía. El primer objetivo fue El Grillo, que en cinco años consiguió hacerse del monopolio de brincolines e inflables, así como de la comercialización de distintas drogas ilegales —como el libre pensamiento, la poesía y el amor romántico—.

El segundo fue El Ruso, un hombre de tez blanca, medio rubicundo, de tres o cuatro metros —la nota en el diario es ambigua—, que regenteaba una galería en donde cada tarde se reunían ancianos de entre 70 y 150 años para jugar ajedrez y apostar a destajo casas, vehículos, bastones, nietos, dentaduras y achaques.

El tercer y el cuarto objetivo fueron El Flaco y El Gordo, dos hermanos a los que una confusión policial renombró, pues en realidad responden al alias de El Gordo y El Flaco. Los hermanos administraban un esquema de financiamiento piramidal en donde cada socio aportaba dos pesos de manera mensual y se comprometía a ingresar a 10 socios más al mes, para de este modo obtener ganancias por hasta 100 mil pesos cada vez que ocurriera un eclipse solar.

Sobre el quinto objetivo, El Botas, se sabe más bien poco. Versiones policiales —citadas por el diario— señalan que había despojado de 200 pelotas de plástico a los chicos de su vecindario que, en una mala puntada, volaban el balón hacia su terraza. Otras versiones más asociadas al circuito político —citadas por el mismo diario— señalan que El Botas había sido un antiguo rival del gobernador en los círculos marxistas-leninistas-terraplanistas de su juventud.

Una tercera versión —mencionada al final de la nota— señala que, en realidad, El Botas fue víctima de un montaje policial organizado para completar la lista de los seis objetivos prioritarios. Bajo anonimato —se menciona que las fuentes usaron antifaz al declarar su testimonio al reportero—, algunos policías refirieron que, a falta de alias, El Botas pudo ser nombrado El Pollo o El Naranjo.

Sin embargo, el jefe policial descartó dos de estas tres opciones debido a que: 1) en su juventud, su abuela y su abuelo lo apodaban El Pollo; y 2) El Naranjo era el nombre de su gato. Por tal razón, la policía decidió por unanimidad que sería El Botas.

Con ello, cita el diario: “La policía ha reafirmado su compromiso de salvaguardar a la ciudadanía y mantener el Estado de Derecho. Ahora, con este importante logro, sólo resta mirar de soslayo —casi con desdén— el aumento del 200% en el índice delictivo que se ha registrado en los últimos 12 meses”.

Los textos publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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Mario Galeana

Periodista y codirector de Manatí. Publicó un libro de cuentos. Prefiere la ucronía a la utopía.

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