Escapar

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Diseño: María Prieto

El arte de escapar se ha romantizado demasiado, hasta el hartazgo. En las películas la gente se escapa y ya. En las canciones post-beat de los setenta que hacían apología a la carretera

PABLO ARGÜELLES | @Piaa11

Escapar requiere mucho papeleo. 

Por eso la gente simplemente espera la muerte y ya.

Si yo quisiera irme, por ejemplo, a vivir a Mérida, y si para ir a Mérida se necesitara un visado especial, habría que explicarle al SAT porqué a partir de ahora gastaré más en papadzules que en tacos árabes (por poner un ejemplo), lo cual implicaría un ir y venir de correos, trámites y sellos que casi nunca sirven para nada.

No sólo eso: tendría además que probarle a las autoridades estatales de Yucatán, vía correspondencia, que tengo el suficiente dinero para mantenerme, pagar la renta y casi prometer bajo juramento que jamás de los jamases viviré debajo de un puente, sin importar qué tan fuertes sean las adversidades ni los climas políticos.

El arte de escapar se ha romantizado demasiado, hasta el hartazgo. En las películas la gente se escapa y ya. En las canciones post-beat de los setenta que hacían apología a la carretera y a la tierra prometida, la gente escapaba y ya, sin explicaciones. Lo que Bruce Springsteen omite en Born To Run es la parte de la historia en donde tuvo que tramitar los permisos con los papás de Mary, avisar en el trabajo que se iba a ausentar y hacer una fila interminable para sacar una licencia de manejo y luego otra más para rentar el Cadillac en el que los dos emprenderían su huida. 

MÁS DEL AUTOR: Capitalismo

Porque la gente no escapa así nomás, no, señor: tiene que hacer mínimo tres o cuatro trámites y mil horas nalga frente a la computadora para merecerlo.

Además, escapar cuesta y muy caro: si digamos, eligiera Pátzcuaro como destino de mi escapada triunfal de crisis de los treinta, y si para ir a Pátzcuaro se necesitara visa, tendría que pagar 10 mil pesos vía un portal horrendo en internet (la pesadilla de cualquier user experience designer) para poder llenar una forma que dice que no pertenezco a ningún grupo de sublevación revolucionaria armada y otras ficciones, luego, pagar otros tres mil para tener derecho a imprimirlo todo y finalmente, otros mil para apostillarlo todo. 

Y qué decir de las traducciones: hay que traducir oficialmente todo a la lengua nativa de Pátzcuaro, buscar al traductor, convencerle de que esto urge, pedirle un descuento, esperar. 

Esperar.

Y luego, después de ir a dejar todos esos papeles que indican que soy alguien decente y sin ningún tipo de ambiciones (más que las de escapar), a una ventanilla detrás de la cual vive un cónsul michoacano mal encarado, habrá que vivir durante días (incluso meses) con la incertidumbre de no saber si todo el papeleo, el dinero ‘invertido’, el tiempo y las lágrimas valieron la pena, y la visa para escapar a Pátzcuaro ha sido aprobada.

Mejor morirse y ya.

Los materiales publicados en la sección “Opinión” son responsabilidad del autor/a y no necesariamente reflejan la línea editorial de Manatí.

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